Archive for agosto, 2009


Colmillos y Vago

Llegaron al otro lado y sintieron como si el momento se repitiera.

Ambos se miraron inseguros.

-¿Qué ha pasado?

-No sé… nada.

Pero ambos sabían que si, pues no se sentían como si nada hubiera pasado.

-¿En serio nada?

-No sé, ya te dije, pero yo creo que no, porque queríamos llegar al frente y lo hicimos, aquí estamos.

-Sí, pero… ¿y ahora?

-No sé.

-¿Para que queríamos llegar a este lado?

-No estoy seguro… creo que lo olvidé.

Ambos observan la acera opuesta, autos veloces les tapan la vista.

-¿Y si volvemos?

-¿Para qué?

-Para recordar porqué queríamos venir de este lado.

-Es una idea tonta.

-A mi me parece razonable, si volvemos a donde empezamos, sentiremos la misma necesidad que sentimos antes de tratar de llegar a esta acera.

Y al explorar con la mirada el trayecto recorrido hacia este lado de la avenida, ambos encontraron sus cuerpos yacientes en el piso; siendo, a veces esquivados y otras, vueltos a atropellar por los furiosos automóviles que cada vez cobraban más velocidad. Los estremeció un escalofrío.

-¿En serio tu crees que íbamos a algún lugar?

-A juzgar por nuestra apariencia, yo creo que no.

-¿Entonces?

-No sé, vamos a husmear y a ladrar por ahí.

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Confesiones

De una u otra forma, todos tenemos siempre las ganas de liberarnos de algún oscuro secreto; algo que sólo nosotros sabemos, pero que nos llena de angustia; y nos da un enorme peso de conciencia el no poder compartirlo con alguien. De esa manera nacen los clubes donde uno es “anónimo”; las líneas de ayuda; los confesionarios; o también por qué no, las salas de chat. Pero, que hay si uno está muerto, o si se es un dios todo consagrado y no se le puede contar a nadie las historias románticas sin tener que matarlo después, o peor aún: si uno está loco. En esos casos, el peso de conciencia va a tener que morir con uno, o según el caso, vivir con uno por la eternidad. De suerte, para esos pobres entes privados de un cura que pueda absolverlos, nace este libro que es como un respiro de sus actos o pensamientos inconfesables. En los (con suerte) veinte cuentos de las “Confesiones de esta vida, la otra y la de más allá” el lector podrá apiadarse, enorgullecerse, avergonzarse y hasta tal vez reírse de estos confiados vivientes de las diferentes vidas; sin sentir ningún remordimiento por ello (esperemos).

La llegada de Van Gogh a Oruro, por el maravilloso pintor orureño Raúl Lara; en la portada de Las Confesiones

La llegada de Van Gogh a Oruro, por el maravilloso pintor orureño Raúl Lara; en la portada de Las Confesiones

Las confesiones en mis manos, por fin!

Las confesiones en mis manos, por fin!

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