Archive for marzo, 2011


Dejar ser, dejar partir

En la vida, yo como todos, me he cruzado por el camino de muchas personas. Tuve la suerte de que unas cuantas se quedaron para compartir su andar conmigo y nuestros caminos se van mezclando hasta el punto de no poder distinguir sus pisadas de las mias.

Al transitar por algunos senderos, naturalmente llegamos a sentir un vínculo tan fuerte con esas personas que, no solo deseamos, sino que creemos y podríamos asegurar que nuestros destinos van a seguir juntos.  Es así como vivimos el presente, creyendo que el futuro no podrá alterar nuestras relaciones, esas amistades tan a prueba de todo, esos amores tan reales, esos caminos tan maravillosos.

No hace falta que lo diga, todos sabemos que, al final de cuentas cada quien toma su camino. Como ya dije antes, a veces deciden hacer de tu camino el suyo propio y tienes con quienes andar de la mano. Pero la mayor parte de las veces, estas personas deciden caminar agarrados de otras manos. Nosotros tratamos por todos los medios de aferrarnos a la mano que lentamente se va soltando, pero es en vano. Cuando alguien se tiene que ir, simplemente se va.

Lloramos por la pérdida, tratamos de encontrar, en medio de laberintos, la pista que nos lleve nuevamente a su camino, para poder andar juntos, como antes. Pero el tiempo no pasa en vano. Lo mejor siempre es dejarlas ir, permitir a estas personas transitar bellamente por nuestro sendero y luego verlas partir. Y no con la idea de que volverán, ya que, si bien algunas veces lo hacen, (para alegrarnos una vez más) muchas otras se van para siempre.

Lo importante es que tuvimos el privilegio de pasear, aunque sea por un breve trecho, al lado de estos amigos. Con suerte nuestros caminos se crucen de nuevo. Por ahora no hay más llanto, ya no hay más tristeza al verlos partir.

El tiempo que tuvimos que andar juntos ya pasó, pero lo maravilloso de haber sentido tu compañía quedará por siempre en mi memoria.

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Mujer, ámate

A lo largo de la historia, la mujer siempre ha sido menospreciada y tratada de forma desigual, por la preferencia machista que se cultiva en muchas culturas.

Este menosprecio, sin embargo, no es únicamente ejercido por los hombres, sino al mismo tiempo y, me atrevería a decir, principalmente por las mismas mujeres.

Estoy segura de que todas las mujeres en mi ciudad, por lo menos, han sido víctimas en algún momento del machismo y de la preferencia que se tiene, por sobre las mujeres, de los hombres. Las madres muchas veces los prefieren, los jefes muchas veces los prefieren.

Cuando una mujer ha sufrido o sufre las injusticias de género, pueden darse dos reacciones: la de la rebelión, cuando la mujer/niña se ofende y trata, por medios a su alcance, de cambiar la situación, de hacerse escuchar, de no consentir a los hombres/niños a costa de su sacrificio. Y, está la reacción conformista, en el que la mujer/niña permite que estos abusos se realicen, y no solo lo permite, sino que los socapa y los ejerce ante cualquier situación similar en la cual ella tenga que escoger entre un hombre/niño y ella misma.

Estas reacciones tienen sus consecuencias, que muchas de nosotras vamos a ser capaces de recordar haber vivido: ante la rebelión, las mujeres más maduras o de más experiencia coartan la voz de la rebelde y le obligan a hacer lo que debe hacerse. “Tú eres mujercita, tienes que ayudarme”, “¡Cómo pues tu hermano va a lavar platos!”, “Él es hombre, déjale”, “Que ellos jueguen, déjales, tú eres una damita, siéntate a mi lado” y frases de ese tipo, por demás conocidas. Las cuales, como ya mencioné antes, son principalmente usadas por nuestras madres, abuelas, hermanas mayores, y son una muestra clara de conformismo que lamentablemente se convierte en el ejercicio de un machismo activo.

Frente al conformismo, la consecuencia es la aprobación de la sociedad, de los padres, (con muy escasas y loables excepciones) y oímos cosas como “Ella es mujercita y media, su casa está bien ordenada”, “¡Es una dama! Nunca le hemos escuchado reír fuerte”, “Es una joyita, tiene que estar guardadita en su casa”, “Bien atiende a su marido”, “Mientras esas calinchas estaban ahí correteando en el parque, mi hijita bien señorita sentada a mi lado”. Pero, aunque este tipo de mujeres tal vez enorgullezcan a sus madres y sus suegras, es justo el tipo de mujer peligroso del cual yo me avergüenzo, y el cual trato siempre de extinguir para las futuras generaciones. Tal vez la palabra peligrosa les suene exagerada, sin embargo, para mí queda corta. Porque, al ser éstas mujeres las conformistas víctimas del machismo de hoy, se va forjando en ellas un espíritu de envidia y condena hacia las mujeres más dueñas de sí mismas, más liberales, hacia las mujeres felices, las mujeres rebeldes. Son las abuelas de mañana que no permitirán a sus nietas jugar al futbol o quedarse a leer con el abuelo mientras las mujeres de la casa lavan los trastes. Es el típico ejemplo de abuela que llamará Marimacho a la nieta rebelde, a la hija que trata de ser libre.

Creo firmemente que, a lo largo de la historia, quienes más daño le han hecho a la mujer y quienes más la han sometido son las mujeres conformistas, las mujeres que no saben luchar por su libertad, por su felicidad, las mujeres que siguen casadas con un hombre que las maltrata, o al cual ya no aman, que no son capaces de divorciarse porque les da miedo estar solas o porque no quieren que la sociedad piense que son malas madres, que son capaces de sacrificar su felicidad por sus hijos. Porque pienso que cada persona merece vivir sus sueños, porque la vida es corta y las mujeres deberían dejar de sentirse realizadas al soñar con una profesión para sus hijos, porque una mujer, antes que madre, es mujer y únicamente una mujer libre es una mujer feliz.

Por todas las mujeres oprimidas, víctimas de la sociedad. Una sociedad que no está conformada únicamente por hombres, sino también por mujeres. Entonces, ¿Por qué es la sociedad la principal enemiga de la realización de una mujer? ¿Será que es la misma mujer, muchas veces la precursora de su propio sometimiento?

Por las mujeres en el Islam que mueren apedreadas, que no pueden mostrar sus bellos rostros, por las mujeres en el África que deben sufrir, a los doce años, una circuncisión, por las mujeres bolivianas que sufren calladas la violencia doméstica, por las mujeres cochabambinas que buscan ser felices de rebote, gracias a la felicidad de sus hijos, por todas las mujeres del mundo que quieren rebelarse y se encuentran con puertas cerradas, que se encuentran con una sociedad que las juzga.

Por todas ellas debemos cambiar, debemos ser rebeldes, mujeres que no se dejan, mujeres a quienes no se somete, mujeres libres.

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