Cuando era joven (muy joven) disfrutaba más de las lecturas que de jugar encantado con mis primos y en el colegio me encantaba hacer las tareas de literatura que se trataban de inventar finales alternativos a cuentos, crear poemas con respecto al último campamento, o escribir largos análisis de obras que por suerte, el profesor de literatura, muy benevolente, me dejaba escoger.

Enseñar literatura es importante. Creo firmemente, sin embargo, que es más importante enseñar a mirar el mundo de manera diferente, enseñar a descubrir en los pequeños detalles de la vida, esa magia que invita (sino obliga) a escribir (en mi caso) y a sacar por cualquier ventana, lo que llevamos dentro. La vida está llena de gente, la gente de historias. Hay que explotarlas, pero para poder hacerlo necesitamos verlas, necesitamos aprender a buscar el otro lado de las cosas. Enseñar ayudando a despertar esa sensibilidad. A mirar el mundo con ojos de recién nacido.

Unos nacen sabiendo, otros necesitan aprenderlo.