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Mujer, ámate

A lo largo de la historia, la mujer siempre ha sido menospreciada y tratada de forma desigual, por la preferencia machista que se cultiva en muchas culturas.

Este menosprecio, sin embargo, no es únicamente ejercido por los hombres, sino al mismo tiempo y, me atrevería a decir, principalmente por las mismas mujeres.

Estoy segura de que todas las mujeres en mi ciudad, por lo menos, han sido víctimas en algún momento del machismo y de la preferencia que se tiene, por sobre las mujeres, de los hombres. Las madres muchas veces los prefieren, los jefes muchas veces los prefieren.

Cuando una mujer ha sufrido o sufre las injusticias de género, pueden darse dos reacciones: la de la rebelión, cuando la mujer/niña se ofende y trata, por medios a su alcance, de cambiar la situación, de hacerse escuchar, de no consentir a los hombres/niños a costa de su sacrificio. Y, está la reacción conformista, en el que la mujer/niña permite que estos abusos se realicen, y no solo lo permite, sino que los socapa y los ejerce ante cualquier situación similar en la cual ella tenga que escoger entre un hombre/niño y ella misma.

Estas reacciones tienen sus consecuencias, que muchas de nosotras vamos a ser capaces de recordar haber vivido: ante la rebelión, las mujeres más maduras o de más experiencia coartan la voz de la rebelde y le obligan a hacer lo que debe hacerse. “Tú eres mujercita, tienes que ayudarme”, “¡Cómo pues tu hermano va a lavar platos!”, “Él es hombre, déjale”, “Que ellos jueguen, déjales, tú eres una damita, siéntate a mi lado” y frases de ese tipo, por demás conocidas. Las cuales, como ya mencioné antes, son principalmente usadas por nuestras madres, abuelas, hermanas mayores, y son una muestra clara de conformismo que lamentablemente se convierte en el ejercicio de un machismo activo.

Frente al conformismo, la consecuencia es la aprobación de la sociedad, de los padres, (con muy escasas y loables excepciones) y oímos cosas como “Ella es mujercita y media, su casa está bien ordenada”, “¡Es una dama! Nunca le hemos escuchado reír fuerte”, “Es una joyita, tiene que estar guardadita en su casa”, “Bien atiende a su marido”, “Mientras esas calinchas estaban ahí correteando en el parque, mi hijita bien señorita sentada a mi lado”. Pero, aunque este tipo de mujeres tal vez enorgullezcan a sus madres y sus suegras, es justo el tipo de mujer peligroso del cual yo me avergüenzo, y el cual trato siempre de extinguir para las futuras generaciones. Tal vez la palabra peligrosa les suene exagerada, sin embargo, para mí queda corta. Porque, al ser éstas mujeres las conformistas víctimas del machismo de hoy, se va forjando en ellas un espíritu de envidia y condena hacia las mujeres más dueñas de sí mismas, más liberales, hacia las mujeres felices, las mujeres rebeldes. Son las abuelas de mañana que no permitirán a sus nietas jugar al futbol o quedarse a leer con el abuelo mientras las mujeres de la casa lavan los trastes. Es el típico ejemplo de abuela que llamará Marimacho a la nieta rebelde, a la hija que trata de ser libre.

Creo firmemente que, a lo largo de la historia, quienes más daño le han hecho a la mujer y quienes más la han sometido son las mujeres conformistas, las mujeres que no saben luchar por su libertad, por su felicidad, las mujeres que siguen casadas con un hombre que las maltrata, o al cual ya no aman, que no son capaces de divorciarse porque les da miedo estar solas o porque no quieren que la sociedad piense que son malas madres, que son capaces de sacrificar su felicidad por sus hijos. Porque pienso que cada persona merece vivir sus sueños, porque la vida es corta y las mujeres deberían dejar de sentirse realizadas al soñar con una profesión para sus hijos, porque una mujer, antes que madre, es mujer y únicamente una mujer libre es una mujer feliz.

Por todas las mujeres oprimidas, víctimas de la sociedad. Una sociedad que no está conformada únicamente por hombres, sino también por mujeres. Entonces, ¿Por qué es la sociedad la principal enemiga de la realización de una mujer? ¿Será que es la misma mujer, muchas veces la precursora de su propio sometimiento?

Por las mujeres en el Islam que mueren apedreadas, que no pueden mostrar sus bellos rostros, por las mujeres en el África que deben sufrir, a los doce años, una circuncisión, por las mujeres bolivianas que sufren calladas la violencia doméstica, por las mujeres cochabambinas que buscan ser felices de rebote, gracias a la felicidad de sus hijos, por todas las mujeres del mundo que quieren rebelarse y se encuentran con puertas cerradas, que se encuentran con una sociedad que las juzga.

Por todas ellas debemos cambiar, debemos ser rebeldes, mujeres que no se dejan, mujeres a quienes no se somete, mujeres libres.

¿Pueblos hermanos?

Akineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní que había sido condenada a muerte al ser encontrada culpable por el crimen de adulterio, (incluso cuando ya su esposo había muerto) ha sido recien rescatada de morir lapidada. Pero, si bien ella se salvó (por lo pronto) de morir de una manera tan brutal, (ser enterrada hasta el cuello y recibir pedradas en la  cabeza hasta morir), otras catorce personas esperan su momento en que sus vidas serán cobradas por la “justicia” de esta manera.

Akineh en cierto modo tuvo suerte, pues sus hijos, valientes activistas, se movilizaron logrando un enorme respaldo internacional, para que su sentencia a muerte por lapidación fuera si no removida por completo, por lo menos postergada (es probable que la cuelguen de todas formas) Akineh tuvo la suerte que las miles de mujeres en su pais, ahora muertas, hubieran deseado tener, la suerte que aún estas catorce personas sentenciadas, con un pequeño hilito de esperanza, desean para sí. Al pensar en la suerte de Akineh, me pongo a pensar,  muchísimo más por supuesto, en su mala suerte al haber nacido en un pais tan machista, salvaje (entiéndase salvaje como religioso extremista) e inhumano llamado Iran. Surge automáticamente la pregunta de cuanta suerte tengo yo. Cuanta suerte tiene la mujer boliviana (por lo menos la boliviana, sino la latina, la americana, la europea) de tener la libertad de mostrar el rostro, de casarse y divorciarse cuantas veces quiera, de tener las relaciones que se le apetezcan sin obtener a cambio nada más que miradas reprobatorias de las beatas más viejas del barrio. Libertad de vivir como se debe, de una vida digna, de un trato humano sin importar si eres hombre o mujer. Si bien hay que admitir que falta mucho por andar para ser completamente libres del yugo machista de nuestra sociedad, también hay que admitir que, comparada con semejante barbarismo religioso del islam la sociedad boliviana es una sociedad paradisiaca.

Ahora bien, gracias a esta nota recordé que Bolivia anda en unas relaciones diplomáticas muy buenas con este pais islamista, y me puse a buscar acerca de estos tratados, encontré muchas cosas, (incluidas las “advertencias” de Usa por nuestras decisiones políticas, pero ese es otro rollo) y las más hablan de política y de programas nucleares, de lo cual yo deliberadamente excluyo cualquier opinión personal; encontré por ahí las fotos de nuestras mujeres bolivianas vistiendo turbantes islámicos en un hospital construido en El Alto con financiamiento iraní. ¿Donde está nuestra libertad? me pregunto cual será la reacción de los iranies si, en una visita a su flamantito hospital descubren que esa sexy enfermera divorciada no solo se acuesta con el médico de turno sino que ha estado coqueteando con el que hace la limpieza (si, con el turbante incluido) ¿se les ocurrirá que matarla sería una buena idea? de seguro se les haría agua la boca tan solo de imaginar que lanzan la primera piedra contra su linda cabeza cuyo cuerpo es nada más que la vasta tierra que pronto será regada por su sangre caliente. Pues en Bolivia no somos así, me molestó mucho leer las palabras del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad en una visita el 2007: “Esta visita es el inicio de relaciones amplias entre ambos gobiernos y ambos pueblos hermanos” pueblos hermanos dice, y me causa repulsión. Bolivia no es ni será hermana de un pais que apedrea a sus mujeres (o/y hombres), indefensas con las manos y los pies atados por la tierra.

Estoy consciente de que aqui en Bolivia tenemos nuestros propios dramas de abuso de poder, claro ejemplo los linchamientos: turbas enfurecidas idiotizadas que sin escuchar razones se regocijan en la violencia. Estamos tratando de superar todo eso, de ser un pais con naciones que respeten la vida por sobre todo, y no vamos a ir para atras. Espero que Evo Morales (a quien admiro mucho por cierto) se de cuenta de lo amoral que resulta ser amiguitos del abusivo, tener relaciones de amistad con un pais tan machista, retrógrada, salvaje y barbárico. Al leer estas noticias, que se pregunte si él condenaría a muerte a una mujer boliviana viuda, por mantener una relación con otro hombre. ¿La condenaría a morir lapidada? ¿Se siente bien sabiendo que su colega presidente aprueba esta forma de justicia? Creo que es momento de pensar.

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